Los caprichos del compás

por Alejandro Bianco


Releemos varias veces una cita de Martín Kohan, rescatada de su novela Bahía Blanca: “Las ciudades, después de todo, existen más que nada para eso: para fabricar azares y ponerlos a funcionar”. Entonces lo decidimos. Más que decidirlo lo aceptamos: salimos a la búsqueda de ese azar fabricado.

Terra incognita

por Alejandro Bianco


Nos juntábamos siempre en el departamento del Gordo Pocho, un 10º G del barrio de Colegiales. Corrían los primeros años 90 y vivíamos una adolescencia de rasgueos desafinados, posters con cinta scotch, bicis voladoras, VHS con jugadas de Maradona y algunos libros de culto. Promediábamos el secundario e interrumpíamos esa rutina sólo para pasar los veranos en la casa de Marquitos en Punta Indio.

Se la agarraron con el viento

por Alejandro Bianco


Ayer salí a dar una vuelta por Quilmes en una noche ventosa, pero no fría. Yo iba bastante tranquilo, pero me crucé con una mujer que eligió quejarse: Tan fuerte va a estar el viento en esta ciudad de mierda... Escuché cada palabra y comprendí, entonces, que el viento es uno de los grandes enemigos declarados del sentido común.

Diario de viaje

por Alejandro Bianco


Breves anotaciones de una viaje ida y vuelta realizado un sábado a la mañana, desde mi casa hasta la panadería para comprar facturas. El sol de invierno, una chica narigona, la señora de la bolsita, la empleada comestible, el cajero veloz, la prima lejana y trémula. Qué viajecito.

La importancia de llamarse Lucila Frend

por Alejandro Bianco


Por eso te vas,
y hay algo de bueno en tus ojos
sin querer
Luis Alberto Spinetta, Laura va

Hoy vi la noticia de que Lucila Frend fue declarada inocente y tuve una sensación agridulce, se me mezclaron los sentimientos. Por un lado, me puse eufórico porque yo creía en su inocencia. Pero mi tristeza fue honda cuando la escuché declarar, luego de abrazarse con sus seres queridos, lo siguiente: “Me voy a ir del país”, dijo Lucila Frend. Silencio en mi mente, furia en mi corazón. “Todo por llamarse así”, pensé luego, frente al teclado. Por la importancia de llamarse así.

La chiclización de las palabras

por Alejandro Bianco


Hoy en día chiclizamos todas las palabras. Yo mismo, al inventar chiclización, estoy chiclizando. Me refiero al acto de agarrar con los dedos una palabra bastante masticada y luego estirarla lo más que se pueda. Chicli...zación. Veamos algunos ejemplos.

Un 678 para Borges

por Alejandro Bianco


Sin irnos al carajo, comparemos a Borges con Cristina Kirchner. Ambos tienen cosas elogiables y criticables. Cosas para mostrar y cosas para tapar bajo la alfombra. Si Cristina tiene a Moyano, Borges tuvo sus simpatías con Pinochet. Su almuerzo de 1976 con Videla sería el Indec de Borges. ¡Tápenlo! Urdamos, entre todos, un 678 para Jorge Luis Borges, el mejor escritor de todos los tiempos.

Un sentimiento triste que se escribe

por Alejandro Bianco


Es probable que el tango, como cualquier música, primero entre por los oídos, nunca por los ojos sordos. Sin embargo, a mí me gusta googlear las letras de tango y leerlas así nomás, peladas, sin orquesta de fondo. Quiero ver si se la bancan solitas. Aquí va, entonces, un intento de análisis de algunas letras de tango que me llamaron la atención alguna vez.

El fabricante de mentiras y el Refutador de Leyendas

por Alejandro Bianco


Ayer leía una discusión en el foro de La Nación Online sobre Alejandro Dolina. Eran los comentarios a una nota de Rolando Hanglin en la que citaba a Dolina y hablaba bien de él. "Filósofo porteño", osó decir Hanglin, y entonces se desató el huracán. Los Refutadores de Leyendas salieron al cruce.

Un algodón en la boca

por Alejandro Bianco


Aquí va un puñado de anécdotas soñadas en un fin de semana largo en Mar del Plata. Voy a escribir rápido y desordenado porque, como pasa con los sueños, me da miedo que se me olvide todo en un par de horas.

El dedo meñique de Chopin

 por Alejandro Bianco


Siempre pensé que la música es algo superior a la literatura, las letras, el lenguaje. Le pasa el trapo, admitámoslo. Y arranquemos de cero. Todos los literatos del mundo no alcanzan a llenar la cancha de Ferro. Hay más ricoteros argentinos que literatos de los siete mares. Aun así muchos seguimos leyendo y escribiendo, y una buena idea es, entonces, escribir lo más parecido que se pueda a un tema de Piazzolla, por ejemplo. Hacer de una birome, aunque sea, el dedo meñique de Chopin.

De Miami a Purmamarca: Néstor lo hizo

por Alejandro Bianco


Los veraneos de la última década nos han dejado un raro gusto a sal en la boca. Pero no la sal que viene del mar. ¿Siguieron los tours por Camboriú o por Miami, el hitazo de los noventa? ¿Morimos en Mar del Plata, paseando por la rambla, como lo hacían nuestras  tías solteras, abuelos y padres? Nada de eso. La juventud kirchnerista, compañeros y compañeras, pasó sus veranos 2003-2011 en las inmensas salinas del Norte Argentino. De la arena blanca de Cancún a la "arena" blanca de Jujuy. He aquí un análisis rencoroso, tanguero y superficial de quien jamás pisó ninguna de esas arenas.

Consejos útiles para ganarse una mina haciendo un asado

por Alejandro Bianco


El "Negro" Dolina afirma que todo lo que hace un hombre es para ganarse el amor de una mujer. Todo: estudiar, trabajar, escribir, cortarse las uñas, ser presidente del Uruguay. Pienso en la magnitud de actividades que abarca tamaña afirmación, y tiemblo del miedo. Me cuesta creer en la exactitud científica del aforismo dolinesco. Pienso en los hinchas de Arsenal de Sarandí, por ejemplo. Pienso en los curas, en los mexicanos borrachos, en los jerarcas nazis, en los correctores literarios; pienso en cualquier infeliz que estudie biología marina.  ¿Lo harán para "pescar" algo? No lo sé, Negro, no lo sé. Sin embargo, cuando un hombre prepara un asado, no me quedan dudas: sus intenciones son claramente dolinescas.

La muerte en Ostende

por Alejandro Bianco


A veces creo que contar algo que nos pasó es como ordenar la casa para cuando vienen visitas. De repente caen nuestros tíos del interior y mamá se pone como loca, quiere que ordenemos. Uno tiene todo despelotado: entonces hay que ordenar, hay que mentir. Del mismo modo, alguien nos va a escuchar o a leer, pero nuestro pasado es una montaña de calzoncillos y medias sucias: hay que ordenar, hay que mentir. En realidad, mamá y nuestros tíos visitantes nos están pidiendo belleza. El que escucha nuestra historia también. ¡Belleza, nene! Por eso es que, desde que soy escritor, también soy una excelente ama de casa.

Mamá, papá... soy uruguayo

por Alejandro Bianco


Todo argentino tiene la costumbre de admirar irracionalmente a otro pais. No sé qué nos pasa. Parecería que no nos bastara con el nuestro. Así, tenemos argentinos afrancesados (a patadas), pro-yanquis, cubanoides o fanáticos del sushi japonés. Siempre tenemos largas colas en las embajadas y consulados, incluso en épocas de vacas gordas. Bueno, como yo también soy argentino, no puedo ser la excepción. Y a mí me pasa con Uruguay.

Nosotros tenemos fuego, chicas

por Alejandro Bianco


Era febrero de 2007. Diego, Ale y yo teníamos 20 años y estudiábamos Filosofía en la sede de Puán. Al fin se había cumplido nuestro sueño: alquilar una casita con parrilla en la costa. Era en San Bernardo, era un dúplex decente, era la edad justa. Era una de esas quincenas de verano que nunca olvidaríamos.

Ni yanqui ni marxista: riquelmista

por Alejandro Bianco


Un amigo, Diego, me dijo: “Hay que vivir la vida como juega Riquelme”. Yo, que soy un pobre infeliz, al principio me le cagué de risa. Y, sin embargo, sin embargo... al fin se me hizo la luz. 

Un tango al mango

por Alejandro Bianco


Transcribiré una carta perteneciente a Astor Garbanzo, un bandoneonista uruguayo que, se comenta, sólo una vez cambió las notas por las palabras. 

El Führer y el carcelero bonachón

por Alejandro Bianco


Esta noche no me importó la vida adulta, hoy no soñé que me compraba una casa de cuatro ambientes con vista al mar. Hoy soñé con un jugador de River: Funes Mori. Ni siquiera con el Enzo o con el Burrito. No. El sueño justiciero, ese gran demócrata, ese abanderado de la igualdad, una vez más volvió a copar la parada.

La mensajera diabólica

por Alejandro Bianco


Una palabra es como un mensajero. Cual paloma adiestrada, su misión es llevarnos un mensaje que un tipo confiado nos transmite. (Para esto, claro, el remitente necesita confiar en el mensajero). Sin embargo, hubo un día en que las palabras enloquecieron, se sublevaron: dejaron de contar lo que sus crédulos remitentes les ordenaban.

Federico, Maradona, mis putas tristes

por Alejandro Bianco


Hace un tiempo que sé la más profunda de las verdades: existen dos cosas infinitamente más nobles que cualquier oración hecha de palabras. Una de esas cosas también es oración, pero de ingleses: el segundo gol de Maradona a Inglaterra. La otra es un tipo más de oración, pero esta vez de notas: la música. Yo no entendía nada de la vida hasta que Federico, mi compañero de trabajo, me explicó su teoría de las oraciones.

Pollericidio

por Alejandro Bianco


Una historia en la que una pollera fuese la protagonista. Ese hombre atormentado se había enamorado de una pollera. Eso fue lo que entendí. Nunca decidí si los hechos que me contó eran reales o no. Nunca supe, para ser más exacto, si el engaño me lo hacía a mí o a sí mismo. Pero la tardecita se prestaba para una historia de polleras: era verano y estábamos en Gesell. Para colmo, el viento no molestaba. ¿Cómo no lo iba a escuchar?

El loco anfibio

por Alejandro Bianco


Con mi amigo Diego, filósofo marca Puán, tenemos la teoría de que hay más locos de lo que uno cree. A simple vista, parecería que la mayoría de los hombres está en su sano juicio, insoportablemente en su sano juicio. Sin embargo, hagan la prueba de observar la realidad. Después de leer este estudio, empezarán a encontrar locos allí donde antes sólo veían abogados y peluqueros de salón. Verán qué mundo de locos es este. Verán que los cuerdos somos, en realidad, una secta anacrónica, unos nostálgicos de un tiempo que nunca vivimos, que en verdad nunca ocurrió.

La fiesta, la chispa

por Alejandro Bianco


No escribo porque me agobien fantasmas o porque me sienta dentro de un túnel. No soy ese que escribe desesperadamente en su trabajo, incomprendido, sin que nadie lo vea. Tampoco soy ese que encabeza resistencias o escribe heroicamente contra dictadores fascistas. Nunca fui un poeta maldito. Y sin embargo, abcdefg… escribo.

La meada criolla

por Alejandro Bianco


Yo tenía diecisiete años y era, por entonces, un desubicado. La consigna del trabajo práctico era cortita y confusa; decía: “Entrevistá a un personaje de tu barrio”. La idea consistía —me enteré luego— en charlar con alguna típica figurita del barrio: el canillita, el verdulero, la vieja del almacén de la esquina. Una pavada llena de pintoresquismo, bah. Sin embargo, yo me tomé el tren y me fui a la Capital: me animé a las grandes ligas. ¡Y lo bien que hice! Allí me encontré con el señor Juan Antonio Pissi, quien se me presentó como “meador criollo, de los de antes”. Aquí transcribo la totalidad de la entrevista, que nunca olvidaré.

Otra de amigos

por Alejandro Bianco


Pablo y Oscar son dos amigos que, a simple vista, parecen carne y uña. Pero la psicología masculina, señoras mías, suele ser infinitamente más complicada de lo que hasta ahora se ha sospechado. A continuación, veremos cómo una simple charla telefónica es capaz de mostrarnos hasta qué punto dos simples varones, Pablo y Oscarcito, son en el fondo como el agua y el aceite. La incomunicación entre amigos, ¿un flagelo que no para de crecer?

El tachero de Canal Encuentro

por Alejandro Bianco


Yo solía ser un tipo simple, normal. Veía fútbol y me calentaba con el referí cuando no cobraba orsai. Me reía mucho, a solas o con amigos, de la palabra “teta”. Me quejaba de la humedad con las vecinas que baldeaban las veredas. Por supuesto, celaba a mi novia constantemente. Sin embargo, con el tiempo me convertí en un intelectual, un bicho raro, un boludo importante.

Tenés cara de loco

por Alejandro Bianco


“Tenés cara de loco”, le dije, y le devolví el chocolate Marroc que me había regalado. Para esa época, yo todavía era ingenua, yo todavía era una niña. Nunca me voy a olvidar de esa noche cuando, en la parada del 60, Claudio me explicó que un hombre con cara de loco puede llegar a ser mucho más que eso. “No soy sólo una cara de loco”, me dijo, endureciendo la voz, recogiendo el Marroc que yo le había rechazado. Así, intuí que ese era el comienzo de un largo discurso, y no pude parar de escucharlo.

Tipología de filitos

por Alejandro Bianco


No hay nada más desconcertante que conocer a una nueva persona. Son esas primeras citas, llenas de torpezas y de pasos en falso. Sin embargo, en este práctico y sencillo manual Tipología de filitos, usted encontrará los once casos más comunes de filitos con los que se puede cruzar en la vida. Después no diga que no le avisamos.

Pobres palabras

por Alejandro Bianco


Las palabras son sonidos. Uno, dos, tres sonidos. Van de acá para allá en el renglón y juntas construyen, como sonidos que son, una cierta música. Al menos así solían ser cuando niñas, así de inocentes. ¿Por qué, entonces, ahora se las carga con tantas obligaciones? ¿Por qué arrastran la pesada tarea de tener que educarnos o develarnos la verdad del mundo? No sé si estaremos a tiempo, pero algún día deberíamos devolverles un poco de esa inocencia perdida. 

Una de amigos

por Alejandro Bianco


Bueno, pero vos me parece que estás imposibilitado de ver las pequeñas cosas de la vida.

¡No! Pero yo LO VI. ¡Lo viví! Lo juro. ¿Por qué decís que lo olvide y punto?

Señoras con gafas

por Alejandro Bianco


MIRIAM. —Viste lo que llovió ayer, nena.

IRMA. —Unas gotas así de gordas, Miriam.

MIRIAM. —Uh, cómo viene este tren, vamos a viajar como chorizos.

IRMA. —Qué cosa bárbara, decí que no lo tomo muy seguido.

Instrucciones para llorar II

por Alejandro Bianco


Se sentaba y al rato aparecían las primeras lágrimas. Eran de golpe: una explosión, como una tormenta de verano que no te da tiempo a correr o a abrir un paraguas. Lloraba como quien va al baño, mediante un mecanismo directo, conocido y eficaz: rutinario. 

Oraciones reflejo

por Alejandro Bianco


“Qué nochecita”, pensás, aunque de pensamiento tenga poco. Es en verdad una oración reflejo, una de las tantas que, cada tanto, te irán avisando que afuera hay un mundo. 

Democracia de sábanas

por Alejandro Bianco


Viva la democracia de los sueños: debo decir que tienen un espíritu igualitario que a nuestra conciencia le falta. Es increíble la facilidad con la que a veces se burlan de nuestras prioridades más altas y selectas. 

Juan respiró

por Alejandro Bianco


“Juan salió de su casa, caminó hasta el kiosco y compró chicles”. Esa es la respuesta concreta a la pregunta concreta de la mamá de Juan: “¿Qué hizo Juan recién?”. Así somos, pensamos y sentimos cuando habitamos el mundo de una manera económica. A no llorar: no está tan mal.

El mismo amor

por Alejandro Bianco


Amante. —Ella siempre me habla mal de vos. Se queja.

Marido. —De vos me habló una sola vez. Me dijo que la habías confundido, pero que ya se le había pasado.

Amante. —Ah. Y, sin embargo, yo siempre le hablo bien de vos. No sé por qué.

Marido. —Vos nunca me caíste mal tampoco. Pero la vida nos puso en guardia, qué vamos a hacerle.

Dentro de la caja

por Alejandro Bianco


Una chica baja las escaleras y se mete en el subte. Lleva con ella una caja con seis o siete agujeros en la tapa. Los agujeros están hechos al azar, sin un patrón simétrico que los ordene. A excepción de la caja, nada hay en la chica que merezca ser dicho.

Se la agarraron con el gris

por Alejandro Bianco


Se la agarraron con el gris, han dicho que el gris es el color aburrido y con ello han decretado su ruina, su infamia. Justo con el gris, que es el color de los topos y de los charcos de las veredas rengas. El color que usan los días cuando tienen ganas de estar callados, el color de los ríos pesados y tranquilos. Casi se podría decir que es el color del tiempo, el gris.